Lo que me inspira: habitar lo cotidiano y las montañas de Medellín

Hay algo profundamente poético en los lugares que habitamos sin darnos cuenta. En los gestos simples del día a día, en las esperas, en los trayectos, en las formas silenciosas en que el ser humano transforma su entorno. Mi inspiración nace de ahí: de observar el movimiento cotidiano y reconocer en él una belleza que no necesita anunciarse.

🚌 La ciudad como escenario emocional

Desde que comencé a pintar, he sentido una atracción profunda por la vida urbana. No por los grandes edificios o monumentos, sino por las escenas que parecen pasar desapercibidas: una persona durmiendo en el bus, una pareja que no se habla, alguien que mira por la ventana como si pensara en otra vida.

Esas escenas me conmueven. Me hacen detenerme. Y ese impulso de detener el tiempo, de convertir ese instante en una imagen que perdure, es lo que me mueve a pintar.

Para mí, la ciudad no es solo un lugar de tránsito. Es un escenario emocional donde cada persona, con su historia, su ropa, su postura, su sombra, deja una huella.

🏘️ Una montaña de casitas: cuando el paisaje se convierte en identidad

Últimamente, he vuelto la mirada hacia algo que me ha acompañado toda la vida, pero que había mirado más con cariño que con intención artística: los paisajes de Medellín.

Crecí viendo cómo las casas trepaban la montaña. Cómo los barrios se tejían poco a poco, con ladrillos, madera, rejas y tejas recicladas. Cómo cada familia, sin saberlo, iba dibujando un nuevo contorno en la geografía de la ciudad. Un paisaje sin diseño previo, pero lleno de humanidad.

Así nació Una montaña de casitas, una serie en la que quiero explorar visualmente los barrios populares que se alzan en las laderas de Medellín. Me interesa no solo lo visual —la belleza de ese caos ordenado, de esa repetición irregular—, sino también lo simbólico: cómo construimos hogar en lugares que parecían imposibles de habitar.

Cada casita en la montaña es una historia. Cada color, una decisión. Cada calle inclinada, una rutina. Y aunque desde lejos parezcan iguales, de cerca son universos distintos, llenos de vida.

🎨 Observar para pintar, pintar para comprender

Pintar es, para mí, una forma de entender lo que me rodea. Y también de reconocerme en eso que observo. Cuando pinto a alguien en el metro o dibujo una montaña de casas, no solo estoy representando un lugar o una persona. Estoy diciendo: esto también es valioso. Esto también merece ser visto con atención.

Mis obras nacen de una mezcla entre lo que veo, lo que siento y lo que imagino. A veces empiezo por una imagen real. A veces por una emoción. Otras veces, simplemente por una pregunta que no sé cómo responder con palabras, pero que en el papel encuentra su forma.

💭 Lo que me inspira hoy

  • Los barrios que suben la montaña como si no tuvieran miedo al abismo.

  • Los colores oxidados y vivos que decoran las fachadas.

  • El silencio de una espera.

  • Las sombras largas al final de la tarde.

  • Las ciudades que crecen como sueños desordenados.

  • La necesidad humana de encontrar refugio, donde sea.


Pinto para recordar que lo cotidiano también es extraordinario.
Pinto para nombrar lo que el ritmo de la ciudad nos hace olvidar.

Gracias por leer. Si quieres acompañarme en el proceso de Una montaña de casitas o conocer más de mi obra, puedes seguirme en redes o visitar mi galería online.

Nos vemos entre pinceladas.
Sara Decolores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *